¿Qué representó el vino
para los médicos de la antigüedad? Por
Raúl de la Mota
El Dr. Pierre Lile – Presidente del Centro
de Estudios de la Historia de la Medicina de Toulouse
(Francia) es autor de un interesante y muy documentado
libro, de reciente publicación, sobre la relación
de la medicina con el vino.
Según el autor, a partir del 1° milenio
a.C., se encuentran recetas en cuya composición
entra el vino.
La Biblia lo recomienda para los asténicos
y los neurasténicos, para los males estomacales.
Diluido con un tercio de agua o mezclado con aromatos,
se lo estimaba como una verdadera panacea.
Durante el rito de la circuncisión, el operador
rociaba la herida con una bocanada de vino, considerado
como hemostático y antiséptico.
En Grecia los poetas arcaicos como Hesíodo
y Homero, se refieren al vino como una terapéutica
privilegiada.
En la Ilíada el vino sirve para lavar y curar
heridas, como también para infundir ardor y
arrojo a las tropas antes de un combate; Aquiles ofrecía
un vino “fuerte” a sus soldados y Ulises
utilizó un vino griego potente y alcohólico
para emborrachar al cíclope. Para Hesíodo
como para Píndaro, la poesía como el
vino “hacen olvidar las desdichas”.
¿Qué representó el vino
para los médicos?
Es desde luego un alimento. Para Hipócrates;
el pan, la harina de cebada, la carne, el pescado
y el vino participaban de las sustancias virtuosas.
Galeno (129 – 201 d.C) más tarde consideraba
al vino entre los alimentos sólidos y tan nutritivos
como la carne.
Es asimismo un medicamento, una droga, un “pharmakon”,
que posee una fuerza, una “dinamio” particular
que puede llegar a ser pernicioso, cuando se lo consume
desordenadamente y sin medida.
Su empleo se ajustaba a la teoría de los cuatro
humores que componen el organismo, relacionados a
las cuatro cualidades: caliente, frío, seco
y húmedo y asociados asimismo a las cuatro
estaciones y con los cuatro temperamentos: sanguíneo,
bilioso, atrabiliario y flemático.
¿Qué vinos se empleaban?
Hipócrates clasificaba los vinos según
su naturaleza y su acción:
1) Los vinos negros y secos, son astringentes.
2) Los vinos negros y de baja acidez, son húmedos,
flatulentos y evacuantes.
3) Los blancos secos: astringentes y diuréticos
4) Los blancos dulces y ácidos son los que
humedecen, refrescan y debilitan la sangre.
5) Los blancos viejos son diuréticos
6) Los vinos nuevos y gruesos, que tienen bouquet,
son evacuantes y nutritivos.
Plinio, que llegara a vivir en el 1° siglo d.C,
en su Historia Natural, y sobre todo en el Libro XIV,
describe las cualidades de numerosos vinos, griegos,
romanos y galos. Entre ellos, el vino de Sorrento
se destacaba por su fuerza. El Falerno, producido
en la Campania romana y el más famoso de la
antigüedad, según Plinio convenía
consumirlo ni muy nuevo, ni muy viejo.
Para el médico Dioscórdes, creador de
la botánica como ciencia, y que viviera durante
el 1° siglo d.C, autor de la obra “Materia
Médica”, afirmaba: “el vino negro
de la vid silvestre es bueno para los flujos de estómago
y vientre”. Al respecto de la vid silvestre,
el naturalista Plinio, habla de la “oenanthé”,
bebida que se obtenía del racimo floral de
esta planta, el cual una vez secado a la sombra, servía
para preparar una bebida muy agradable y saludable.
J. André, nos cuenta que en los cantones franceses,
donde crecía la vid silvestre, los pobres hacen
con sus uvas fermentadas en agua, una bebida acídula
y agradable llamada “Thore” (Flor de las
Laudes) y utilizada como tisana para las fiebres ardientes.
Galeno, que vivió entre el primero y segundo
siglo d.C es el médico de la antigüedad
que más y mejor habla de la medicina y el vino.
Él distingue los vinos por cinco características
físicas.
- El color: blanco, amarillo paja, ámbar, rojo,
negro.
- El gusto: dulce, seco y picante.
- La consistencia: acuoso o espeso.
- El olor: bueno o inodoro.
- La fuerza: vigoroso o débil.
Igualmente por las variedades de la vid cultivada
de las cuales corresponde tal o cual carácter,
tal complexión y enfermedad. Su vino preferido
es el Falerno, precisamente el del color pajizo, moderadamente
maduro y “gusto inimitable”.
Los vinos Falerno los aconseja para las enfermedades
provocadas por enfriamientos o los excesos de frío.
¿Cómo se empleaban los vinos?
El vino se tomaba puro o cortado con agua.
Es necesario aclarar que el vino puro se preparaba
adicionado de aromatos, timo, canela, menta, resina,
e incluso miel. Así es como los vinos puros
se consideraban no consumibles como tales y hasta
nocivos para la salud.
La modalidad, tanto en griegos como más tarde
en latinos era rebajarlo con agua.
La temperatura de su consumo no debía ser ni
muy alta, ni muy baja.
Las bebidas frías estaban contraindicadas para
las personas de edad y friolentas.
Hipócrates aconsejaba beber en pequeños
sorbos.
Tomado como medicamento era preferible beber en la
mañana, en ayuno y antes de las comidas.
Existía una gran variedad de vinos compuestos.
El vino con mirto, era recomendado por Caton para
las afecciones ginecológicas y los cólicos.
Los vinos perfumados por esencias de frutas como peras,
cerezas, membrillos, granados eran aconsejables por
Dioscórides como astringente y estimulante
de la fuerza física.
Recordemos que Hipócrates (en De afecciones)
escribía: “El vino y la miel son cosas
maravillosamente apropiadas para el hombre si, en
salud como en enfermedad, se lo administra oportunamente
y justa medida, según la constitución
individual”.
En toda la antigüedad, el vino es prescrito en
prevención como alimento, en patología
como droga. Platón aconseja beberlo, a partir
de los 40 años, para conservar la juventud
y el ardor, del alma y el cuerpo.
Debemos advertir, sin embargo, que también
se consideró unánimemente la embriaguez,
como un comportamiento inadecuado, tanto pública
como privada, y en ella coincidían médicos,
filósofos, escritores y poetas. Se dice que
el vino, bebiendo en exceso, pierde todas sus virtudes.
Hipócrates como Galeno, consideran la embriaguez
como un grave desorden físico y moral. Para
combatirla aconsejan el empleo de la piedra pómez,
las almendras amargas, el laurel, el iris y sobre
todo el repollo.
Edad Media
En la Edad Media, con las órdenes monásticas,
nacen los grandes viñedos del mundo Europeo.
Benedictinos: “Ora et labora” San Benito
en el Bordelés, la Borgoña, la Champagne.
Los Circiences en la Borgoña y Alemania. Los
Cartujos en Cahors y Tetrarca.
Los monjes o enfermeros prescribían el vino
de gran calidad llamado “claro” porque
en la Alta Edad Media, hasta el siglo XII, el vino
blanco fue más apreciado que los tintos.
Entre los siglos XII y XIII surgen los hospices y
hospitales, como el Beaune en la Borgoña, dotados
de viñedos y bodegas para financiar con sus
productos el mantenimiento de esas instituciones.
En los leprosarios se aconsejaba consumir el vino
para mitigar los padecimientos de los leprosos. Se
proclamaba consumir no más de 2 litros diarios
por persona.
El vino aparece en los tratados de Medicina y Cirugía
como el de Pierre de Crescent del año 1.300;
Arnaldo de Vilanova (1240-1320) célebre médico
y alquimista. Marcelino Menéndez Pelayo dedica
un extenso estudio a este médico catalán
del siglo XIII en su “Historia de los Heterodoxos
Españoles”. Fue Arnaldo de Vilanova autor
de un célebre tratado médico, titulado
del “Regimen sanitatis”. Hablaba y escribía
las lenguas hebrea, árabe, algo de griego y
por cierto latín. Estudió en Paris y
Montpellier. Es autor, asimismo y entre numerosas
obras de un “Regimen Salernitarum”. Un
tratado de higiene tan conocido como famoso, objeto
de innumerables ediciones. Pero lo más interesante
es que es autor de un tratado “De vinis”
(sirvi de confectione vinorum). Se considera ser el
primer tratado de enología. Para Vilanova,
el vino tomado en pequeñas dosis es considerado
como el primero de los alimentos y una medicina universal.
Olivier de Serres en el año 1.600 publica su
famosa obra “Teatro de Agricultura y Manejo
de los campos”, considerado como el creador
de la agronomía moderna, dedica un extenso
capítulo sobre los beneficios que para la salud
del hombre tiene el consumo del vino.
Marie – Terréese Lorcin: Los usos del
vin hacia fines de la Edad Media (siglos XII –
XV)
En el siglo XV un trabajador manual consumía
más de un litro de vino por día en Francia;
los soldados, los guardias, los señores y miembros
de su entorno, más de dos litros, sin tener
en cuenta su título alcohólico.
La comunión existente desde años, de
las dos especies: pan y vino, hace desaparecer a este
último entre los siglos XII y XIII, mucho antes
de que fuera expresamente prohibido en el siglo XV.
El temor a derramar la preciosa sangre de Jesucristo,
la repugnancia de los fieles a beber del mismo cáliz
en tiempos de epidemia influyó en gran medida.
Lo otro importante, era que se consagraban los vinos
tintos en detrimento de los blancos. Se asociaba el
color rojo y la sangre, mientras que se fusionaban
el color de los vinos blancos con el agua.
Descartado el uso sacramental del vino, nos dice Marie
– Terése Lorcin, su consumo es alentado
por razones de higiénicas, como lo hace Arnoldo
de Vilanova.
Farmacopea francesa del siglo XIV, expresa que el
30% de las recetas requieren vino.
En una receta sobre tres aproximadamente, el remedio
es externo y no para el tubo digestivo. Se trata de
otro modo de gargarismos, fumigación, instilación,
unturas, etc. Frecuentemente el vino es un ingrediente
más, por ejemplo, hacer cocer en cantidades
iguales el hinojo y la ruda en vino blanco y lavar
los ojos lagañosos con esta mezcla.
El vino es una sustancia de naturaleza cálida
y húmeda. Es por tanto eficaz contra toda afección
de naturaleza fría, sea del exterior o de origen
en humedad, como la flema o la bilis negra.
Arnaldo de Vilanova, aconsejaba: “Beber vino
de buena calidad, en cantidad moderada, jamás
con el estómago vacío, es una de las
primeras condiciones para una buena salud, sobre todo
para aquellos que tiene el oficio de pensar”.
Luego, no hay que dejar de citar los importantes estudios
de Luis Pasteur y su influencia sobre el conocimiento
del vino (desde 1863 a 1885, realizó estudios
sobre el vino).
La Escuela de Salerno, autora del “Arte de Conservar
la Salud, en el siglo XI, su primera mención
en el año 1099, proclama entre sus preceptos
“Bebed poco pero que sea bueno”. “El
buen vino sirve de medicina”. “El vino
malo es un veneno”.
Hoy, la Paradoja Francesa, cuya reputación
se originó en noviembre de 1991, cuando en
una audición de CBC americano, conocido como
los 60 Minutos, el Dr. Serge Renaud, con estadísticas
en mano, demostró que: “los franceses
viven aproximadamente dos años y medio más
que los americanos (76,5 contra 74 años) y
tienen 40% menos de problemas cardiacos a pesar de
que el pasatiempo nacional sea el de fumar Gauloises,
que su alimentación nada en un torrente de
grasas, invariablemente acompañada por unos
buenos vasos de vino, preferentemente tinto y que
el aerobismo no entra dentro de sus preocupaciones.
Mientras que los americanos, destinan millones de
dólares en la salud, con grandes esfuerzos
por regímenes alimentarios estimados más
sanos, mueren sin embargo más jóvenes.
Según el Dr. Cutis Ellison, responsable de
medicina preventiva y epidemiológica de la
Escuela de Medicina de Boston, el secreto de los franceses
se resume en el vino, la alimentación y el
estilo de vida.
Fuente: www.videsyvinos.com.
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