Lic. en Enología Angel Mendoza
Fruto de una sinfonía química, el vino
es un producto noble que, al igual que todas las materias
vivientes, está sometido al ciclo del tiempo.
El año de cosecha indica el año de
su nacimiento. En un primer momento joven, y luego
se vuelve adulto, alcanza la madurez y sigue hasta
declinar y morir. En este último estado el
vino se califica de envejecido o quebrado.
Principalmente cuatro sentidos participan en la degustación:
la vista, el olfato, el gusto y el tacto.
El placer de los ojos
En una copa incolora, indispensable para apreciar
los matices del vino, examinamos en primer lugar su
color y aspecto. Se ve brillante, resplandeciente
o al contrario mate o velado. El color de los vinos
tintos cambia con el pasar de los años de un
rojo violáceo hacia tonos púrpura, rubí,
bermellón y que a su vez se vuelven ambarinos
y finalmente atejados. Los vinos blancos pueden ser
de color amarillo muy pálido o más sostenido,
matiz limón, reflejos dorados o casi verdes
(particularmente el noble chardonnay fermentado y
criado en roble). Al envejecer, estos vinos de larga
guarda son de color oro viejo o cobrizo.
Al girarlo lentamente en la copa, el vino deja en
las paredes piernas o lágrimas que afirman
la presencia de glicerol (un constituyente natural)
que produce untuosidad y redondez , o bien de azúcar
residual como en los vinos blancos de Sauternes.
Los grandes vinos tintos, se toman un tiempo para
llorar en la copa, mostrando su concentración
y la madurez de las uvas que le dieron origen.
Bouquet de aromas
Un vino se descubre en primer lugar por su nariz,
o sea, por sus aromas, florales o frutales en función
de los perfumes dominantes. En los blancos encontraremos
ananá, manzana, membrillo, mango, pomelo rosado
en el caso del sauvignon, y olor a pan tostado y miel
en los chardonnay más maduros. Los tintos a
veces florales son habitualmente frutados. Bayas rojas
o negras caracterizan la juventud, transformándose
luego en "bouquet ", el encanto de los vinos
maduros, en los cuales uno encuentra los notables
aromas de nueces, tabaco, trufas, de cuero y de caza,
que le entregan la madera y el tiempo
Las revelaciones del gusto
La estructura: el vino se califica de "caliente"
o se dice que quema cuando es muy alcohólico.
La acidez y los taninos conforman el nervio, el cuerpo
que puede ser liviano, caso frecuente de los tintos
muy jóvenes, o amplio, rico, sólido,
generoso o armonioso cuando todo se funde en una redondez
agradable, típica de las grandes añadas
o de los vinos muy maduros. La duración en
boca significa la persistencia gustativa en las papilas.
El sentido del tacto registra la armonía y
el buen paso del vino por la boca. Los vinos que convienen
beber mientras jóvenes, son ligeramente ácidos,
frescos, livianos, vivos y nerviosos. Los vinos de
guarda se califican de duros, astringentes en los
primeros años, para luego ablandarse y dar
entonces lo mejor de sí mismos.
La fineza y la agradabilidad de un vino es la sumatoria
de las delicadas sensaciones que percibe cada uno
de los sentidos.
"El vino es la más sana,
alegre y cordial de las bebidas".
El oído abre el espíritu y
la sensualidad
Al escuchar la palabra salud (a votre santé,
campay, cheers, salutte, chin-chin, skol) y el tintineo
del cristal, en el golpe de copas con el amigo, el
amante, la familia y los seres queridos, el espíritu
y la sensibilidad se abren para disfrutar la magia
del vino. El oído introduce el vino en los
otros sentidos del placer. Nunca dejemos de beber
cuando nos desean salud. Algunos amantes del vino,
ya enloquecen de placer al sentir el erótico
ruido de destape de una botella de champagne o el
intelectual sonido al destapar una vieja cosecha de
vino tinto.
LA DEGUSTACION
La degustación requiere un esfuerzo de concentración
y atención. Necesita sensibilidad entrenada
y memoria sensorial. El degustador no nace, se hace.
Disfrute de los alimentos y bebidas saboreándolos
con gusto, con tiempo y con dedicación.
Decía Pierre Poupón que degustar es
leer un libro lentamente, frase a frase, para captar
todo el contenido; degustar es escuchar un concierto
en el más profundo recogimiento; degustar es
contemplar una obra de arte, cuadro, escultura o monumento,
dejándose impregnar por sus formas y colores;
degustar es abrir los ojos al espectáculo maravilloso
de la naturaleza; degustar es sentir el cuerpo relajarse
sobre la arena de una playa soleada; degustar es estar
disponible de sí mismo y del universo.
En resumen, saber degustar es saber vivir.
Por eso Angel Mendoza, nominado "Hacedor de
vinos 2000", les brinda 10 consejos para una
mejor amistad con el vino.
• Saborear buenas comidas y vinos es uno de
los placeres de la vida, heredado de culturas mediterráneas.
• Para disfrutar la buena vida y los vinos
es necesario cultivar los sentidos (vista, olfato,
gusto, tacto, oído y... sentido común).
• Para buenos vinos - buenos amigos y buenos
momentos: amores, hijos, negocios, triunfos, cumpleaños,
salud, reuniones sociales, comidas de gala, finos
restaurantes.
• Las milenarias bondades terapéuticas
del buen vino son redescubiertas día a día.
1 a 2 copas por comida alargan la vida, o por lo menos
la hacen más sana y feliz. La tragedia del
alcoholismo no se esconde en las primeras copas de
una buena alimentación.
• Los buenos vinos son parte inseparable de
la cultura del hombre. 5000 años de rica historia,
entre dioses paganos (Osiris, Dionisio, Baco) y 2000
años de grata bebida civilizada por el cristianismo.
• Para apreciar mejor los buenos vinos disponga
de las copas adecuadas de fino cristal blanco transparente
con prolongado pie y de forma ovoide o tulipán.
• Examine el buen gusto de los vinicultores
para vestir y etiquetar sus vinos. Las etiquetas son
obras de arte que se deben corresponder con la calidad
del vino. Usted lo debe descubrir con sus sentidos.
• Sea muy respetuoso y exigente con la temperatura
de servicio de cada tipo de vino: los blancos refrescados
entre 8º y 12º C.. Los vinos rojos 15ª
a 18ª C.. Los espumosos fríos entre 5º
y 8º C.. Cuando quiera saciar la sed del verano
no se prive de disfrutar un vino blanco o rojo con
un trozo de hielo o un chispeante chorro de soda.
Será el refrescante más natural y sano.
• La mejor relación entre platos y buenos
vinos está por el color:
-para comidas de colores claros: vinos blancos
-para comidas de colores oscuro- rojizos: vinos tintos
Pero... practicar la anarquía y el gusto personal
es la base del placer.
• Recuerde que El mejor vino es aquel que le
gusta a usted. Desafíe y premie a su buen gusto.
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