La
imagen del magnate fumando un puro es cosa del pasado.
Cada vez más hombres y mujeres, maduros o jóvenes,
se entregan con pasión a ese objeto de culto
que es el cigarro.
“SI NO SE PUEDE FUMAR EN EL CIELO,
PREFERIRIA EL INFIERNO...”
MARK TWAIN
Es paradójico. En momentos en que el consumo
de tabaco es vilipendiado, perseguido y obstaculizado
en casi todo el mundo, crece el culto al puro, la
máxima expresión de lo que se pueda
producir manufacturando la bendita (ya veces maldecida...
) nicotiana tabacum. En todas las latitudes proliferan
las campañas antitabaco, pero al mismo tiempo
se nota una creciente tendencia en públicos
bien distintos a entregarse al placer de fumar menos,
pero mejor. Porque si no puede decirse que el puro
sea sano, es menos dañino, y por supuesto...
más sabroso.
Esa es la elección de los buenos fumadores
de siempre, los que nunca han renunciado a encender
un cigarro, porque gozar el mejor tabaco que uno pueda
permitirse quemar es un disfrute que va más
allá de lo snob o de lo frívolamente
"fashion ". Afortunadamente, vuelve a estar
en boga hacerlo.
El mapa mundial del tabaco
Desde Cristóbal Colón a Fidel Castro
la geografía del tabaco fue bien simple: Cuba
era casi exclusivamente el proveedor de los mejores
tabacos, manufacturados primero en Europa y luego
en la isla, con profusión de fábricas
y marcas, entre las que cabe mencionar a las más
que emblemáticas Partagás, Romeo y Julieta,
Hoyo de Monterrey, H. Upmann, Punch, Por Larrañaga
y La Gloria Cubana. Se hacían puros en otras
partes, pero no en cantidades demasiado significativas.
La Revolución en 1959 cambió el panorama.
Los dueños de las fábricas marcharon
de Cuba y tras algunos tropiezos, las manufacturas
insulares reflotaron las viejas marcas. Desde entonces,
se da una cosa curiosa: hay Partagás cubano
y Partagás dominicano; hay Punch cubano y Punch
hondureño, lo que se repite con muchísimos
más casos. Eso provocó el ascenso al
primer nivel de República Dominicana, que incluso
es el líder mundial en cantidad de puros producidos.
En el pináculo también luchan por un
lugar Honduras, EE. UU ., Nicaragua, España
y Jamaica, y no mucho más allá en calidad
México, Brasil, Filipinas, Indonesia, Costa
Rica, Ecuador y Camerún.
De la semilla al humo
La elaboración de puros es tan compleja como
puede ser la de los vinos. Veamos sus pasos a muy,
pero muy grandes rasgos. Todo comienza con la siembra
de las pequeñas semillas de nicotiana tabacum.
Las enormes hojas serán cosechadas a mano y
seleccionadas, para luego ser colgadas en manojos
por unas semanas. El verde comenzará entonces
a virar hacia el dorado. Seguirán los procesos
de fermentación. Los mazos de veinte hojas
se apilan en los llamados burros y pilones, que son
bultos de hasta 4.000 Kg en los que se controla rigurosamente
que la temperatura se mantenga entre 40. y 70. C.
Este proceso dura entre uno y tres meses. Si la fermentación
es incompleta el tabaco resultará áspero
y amargo, y difícil de mantener encendido.
Si es excesiva, será insípido o desabrido.
Luego se secan, añejándose desde unos
meses hasta tres años. Quedan entonces tan
frágiles como un papel viejo, por lo que para
que vuelvan a tener cierta elasticidad que permitan
su manipuleo, son humedecidas y vueltas a clasificar
para su destino: tripa, capote o capa. Así,
en selecciones, mezclas y proporciones definidas por
el maestro tabaquero, llegan a los torcedores, verdaderos
artesanos responsables del armado del cigarro hecho
totalmente a mano con tripa larga (hoja entera). O
a los operarios encargados de las máquinas
que elaboran los mecanizados, en los que se utiliza
tripa corta (de hoja cortada) o picadura (recortes
menudos de hojas). De estas dos últimas opciones
resultan cigarros más económicos, aunque
en muchos casos sean de muy buena calidad.
Los cigarros mecanizados generalmente incluyen capote
(y a veces también capa) de tabaco homogeneizado
para facilitar su proceso industrial.
De la buena labor de los torcedores depende que los
cigarros hechos totalmente a mano, tiren perfectamente,
dejándose fumar, y que todas sus pitadas manifiesten
la totalidad de los sabores del tabaco. Luego de su
tarea viene la selección fina del tono de color,
la colocación de la anilla, la envoltura de
celofán y el armado de las cajas, que en los
puros de calidad son de cedro, el permanente amigo
del tabaco.
Cómo se fuma un puro
El puro se elige por su gusto, que puede ir del muy
suave al muy fuerte, por el precio y por el tiempo
que se le destinará a su fumada. Por ejemplo
un Corona insume algo menos que una hora; un Churchill
o un Doble Corona, entre una hora y cuarto y dos horas.
Un Media Corona es para alrededor de treinta minutos,
y unos diez bastarán para un mini, del tamaño
de un cigarrillo.
Para comenzar el ritual de la fumada, una advertencia:
no usar encendedor de bencina, ni fósforos
de cera ni ningún otro elemento que pueda desvirtuar
el gusto! El encendido, con fósforos de madera,
mechero de gas o -exquisitamente -una astilla de cedro,
difiere del de un cigarrillo, ya que se deberá
tomar el cigarro entre el pulgar y otros dos dedos,
manteniéndolo a una distancia de medio centímetro
por encima de la llama, formando un ángulo
de 45°. Una vez que se haya formado una corona
de fuego en el borde del pie se cortará la
perilla de la cabeza (con cortapuros, uña o
con un pequeño mordisco), y se llevará
el puro a la boca. Manteniéndose la llama alejada
por debajo de su punta, se aspirará dos o tres
veces para hacer que la llama ascienda y termine de
encender toda la superficie. Para el fumador novato
no estará de más hacerlo frente a un
espejo. No debe inhalarse el humo sino mantenerlo
un instante en la boca para liberarlo lentamente.
El ritmo ideal de pitadas para que no se apague ni
caliente demasiado, es de una por minuto. Si se apagara,
hay que repetir el procedimiento. Dice al respecto
la experta Jane Resnik: "Puede que un puro encendido
dos veces se ponga un poco más fuerte, pero
siempre es mejor eso que no fumarse ninguno".
Al llegar al último tercio del cigarro habrá
llegado el momento de dejarlo. No lo aplaste, el puro
merece respeto: deposítelo en un cenicero y
él se apagará solo. Después de
deleitarse con él, permítale "morir"
con dignidad.
Forma, medida y color
Un puro tiene pie y cabeza: aquél es el extremo
por el que se enciende; éste, el que toma contacto
con la boca del fumador. El tabaco que lo forma se
divide en tres elementos: tripa, que es el relleno,
capote, que es el que envuelve al relleno y capa,
con el tabaco más selecto de los tres, que
es el que "viste" al conjunto y le da su
apariencia. Los tres pueden ser del mismo tipo de
hojas, o de distintos, e incluso de dos o tres orígenes
distintos en cuanto a país. Por ejemplo, un
cigarro dominicano Nat Sherman contiene tripa de una
mezcla de hojas dominicanas, jamaiquinas y mexicanas,
capote mexicano y capa de Camerún. En el otro
extremo, los habanos {palabra que define exclusivamente
a los puros fabricados en Cuba), indefectiblemente
tienen sólo tabaco de ese país. Un puro
se clasifica por su formato o vitola {palabra que
se utiliza impropiamente para designara la anilla
de papel que identifica al cigarro). En el mundo de
los puros se refiere el largo en pulgadas y el cepo
{o grosor) en sesenta y cuatroavos de pulgada {0,4mm).
Estas son las vitolas más comunes y sus medidas
promedio, en milímetros:
Doble Corona 205x20
Churchill 180x19
Corona Gorda 150x18
Lonsdale 165x17
Corona 140x16.5
Robusto 120x20
Panetela 165x14.5
Media Corona o Petit Corona 125x15
Hay hasta de medio metro de largo y tan pequeños
como los Señorita 100-110x10 o el más
pequeño aún Mini 80x9.
Todas estas vitolas son del grupo de los "Parejos",
es decir de fuste cilíndrico, cabeza cerrada
y pie abierto. Por contraposición están
los "Figurados" {irregulares). Entre los
más frecuentes de ellos se destacan el Belicoso,
el grueso Torpedo o el Pirámide, todos de cuerpo
que se ensancha suavemente hacia el pie; el enorme
Diadema, el clásico Perfecto y el extravagante
Culebra, de tres puros entrelazados. También
se los diferencia por el color de su capa: los elegidores,
que son los operarios que emparejan el color, de los
que van a compartir una caja, pueden distinguir sesenta
o más gradaciones cromáticas, pero son
siete los tonos básicos: doble claro, de tono
pardo levemente verdoso; claro, castaño liviano;
colorado natural, colorado y colorado maduro, los
tres marrón rojizo; maduro, de marrón
muy subido y oscuro, casi negro.
Nacionales por importados
La paridad y la posterior devaluación influyeron
notablemente en el mercado del cigarro en la Argentina,
que hasta diciembre de 2001 importaba casi la totalidad
del consumo interno de puros. Según palabras
de Daniel Pérez, de la firma homónima,
introductora de grandes y populares marcas desde 1961,"las
ventas bajaron de los 15.000.000 de cigarros (de todo
tamaño y tipo)de 1999 a los escasos 2.300.000
de 2002..." La sustitución de importaciones
no se hizo esperar y creció firmemente desde
enero de 2002. Así, reverdecieron en el mercado
productos preexistentes de calidad, que batallaban
con lo foráneo. Son los casos de Hermes (de
la Cía. Sudamericana de Tabacos) y Sosa Padilla,
dos pequeños y finos productores. Pero también
se incorporó al mercado una cantidad de productos
nacionales con muy desiguales calidades, casi siempre
muy lejos de los estándares internacionales.
Sin ser el único, el aporte más importante
por dimensión y calidad es el de Cigarros Misioneros
SA, para el que se asociaron la inversión del
empresario Ramón Puerta con la experiencia
comercial de Daniel Pérez y otros 3 socios.
En Apóstoles, en una primera etapa con una
dotación de 40 personas, CM está produciendo
mensualmente de 20 a 25 mil puros hechos a mano, con
ciento por ciento de tabaco dominicano y excelente
mano de obra local. Las marcas son "La Misión"
y "Luis Gonzaga",en formatos Robusto, Corona
Gorda y Churchill. El emprendimiento, que puso en
marcha también la manufactura de cigarros mecanizados
de vitolas más pequeñas (60.000 mensuales
de "Ponderables" con tabaco dominicano)
prevé dar trabajo en próximos pasos
a más personas, en su mayoría mujeres
jóvenes, que fueron instruidas y siguen supervisadas
por dos maestros torcedores dominicanos en el arte
del armado manual de cigarros.
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